Las campañas de la madrugá
La rosa del desierto
La rosa del desiertoIncluso en el desierto florecen las rosas más bellas. El receptáculo pétreo de la arena acoge el nido de los vientos y en las noches frías quedan cuajadas lentículas que se entrecruzan surgiendo al ritmo del siroco. La luna, refulgente en el cielo, contempla cómo crecen las cristalinas huellas hasta formar esos pétalos de mineral transparente. He ahí conformada la rosa del desierto.
Lo mismo ocurre en la vida. El desierto nos resulta un espacio desolado, pero también el lugar de encuentro con uno mismo. La historia sagrada nos muestra el desierto como ámbito para la reflexión más profunda; ahí quedamos desnudos, inmersos en el ayuno, frágiles como cuerpos y fuertes en el pensamiento. El desierto es la travesía necesaria del perdedor, la purga impuesta por el error cometido y también el silencio indiferente de los demás ante la prédica que clama comprensión.
Nos ha hecho el desierto una especie resistente envuelta en ropajes para evitar el azote del viento de la vida. Y la arena, tan limpia como fina, a veces acaricia suavemente nuestra piel y otras la sacude en mil latigazos invisibles, igual que el amor hace reír o llorar, disfrutar o morir. Y también nos ha mostrado el rostro de la escasez, de la sequía, de las maldiciones convertidas en lagartos, serpientes o escorpiones. Y asomando el perfil del horizonte nos ha enseñado el valor de la giba para el dromedario y el de la textura del cactus, ambas sinuosidades naturales hechas para almacenar el bien más preciado. Y, curiosamente, junto a una visión estática y monótona de su paisaje, ha conseguido aparecer en infinitas dunas tan variables y simultáneas como la realidad cuántica.
Pero, como tantas cosas, el desierto también es limitado, afortunadamente. Siempre habrá una cordillera que defina su comienzo, o un mar que determine el final de su territorio. Pero, sobre todo, lo que más nos hace pensar en las contradicciones de la vida son los oasis que aparecen salpicando la extensión ocre de la arena. Las palmeras y los árboles frutales surgen sorprendentemente en el desierto porque el agua brotó desde el acuífero oculto rompiendo el maleficio inhóspito, haciendo brotar la vida.
La rosa del desierto es a su paisaje como la respuesta a un enigma. Sale de las entrañas del mismo ser, después de un proceso donde se sedimentan las emociones, las culpas y expectativas, y se organizan buscando el sol, haciéndose ver como la misma vida. Es dura y frágil al mismo tiempo, igual que las piedras preciosas. Es múltiple, diversa, caótica y hermosa, pero asimismo surge para ser contemplada y para activar los sentimientos más hermosos.
Me decía un amigo a la vuelta de sus vacaciones: “Regreso con el corazón convertido en una rosa del desierto”. Es así como se viven a veces los tiempos de soledad y desazón, y cómo a pesar de todo, en lo más hondo del desierto íntimo brota una flor, llena de aristas cortantes, sí, pero una flor.
Y así es como se siente el viajero perdiendo su mirada frente a la vega de Carmona, regresando a su lugar de origen con el corazón convertido en paisaje árido y color ocre, con el semblante acariciado por otros vientos del sur, cálidos y suaves. Nuestras soledades son también las de otros más allá de nuestros continentes; ni fronteras ni muros pueden evitar el cruce de unas miradas, el volar de un pensamiento.
Frente a la vega, como frente al desierto, la transparencia del alma protagoniza el momento porque no hay espejo más nítido ni luna más sabia que la que nos ofrece nuestra tierra. La rosa de la vega, Carmona, con pétalos de alcor y casas blancas, es contemplada desde lejos por las montañas y por ese río milenario que da vida y crea el oasis de un fértil valle. Y va dentro del corazón, quieta, esperando la respuesta del amigo, que se bate en duelo entre el amor y el desamor, como siempre. Porque no hay mejor testigo de la vida que el silencio observador del vacío ni hay mayor verdad que la que calla y clama a la vez en la soledad del propio desierto.
Carmona, Ciudad universitaria
Si tuviésemos que escoger entre todos los proyectos positivos que la Ciudad de Carmona viene desarrollando (los negativos se los dejamos a los malasombras) uno de ellos viene a situarse con luz propia, para fortuna de los carmonenses, resaltando el perfil histórico y cultural de nuestro Municipio. Hablamos de la Universidad.
Es posible que haya quienes, no sabemos con qué intencionalidad, se empecinen en proyectar una Carmona tipo Chicago años 30, con una delincuencia incontrolada repleta de bandas peligrosas, automóviles ardiendo y destrozos de un vandalismo gigantesco que nadie puede neutralizar, dada las deficiencias policiales y la incompetencia municipal. Pero estos propagandistas, y eso sí sabemos por qué, ven frustrados sus empeños en malquistar a los ciudadanos entre sí, porque el tiempo va colocando a cada cual en su lugar, y a Gambrinus en el suyo, dando clases en el mostrador, mire usted, a su salud. Estos maldicientes, sólo por cubrir el espacio del contrapunto ácido que su ego les reclama, llegan a exagerar sus propias apreciaciones pretendiendo convertir en atmósfera irrespirable las bocanadas de humo que emanan algunos tubos de escape; no, mire usted, lo tranquilo que vamos dando el paseo de vuelta a casa… Y eso, aunque lo diga la concejala, también lo disfruta el corresponsal.
Una ciudad viva ha de asumir la diversidad propia de los modos distintos de entender la existencia. Quien pretenda la ciudad perfecta, la del silencio absoluto, con delicadas formas y pavimento hecho de chorros de oro, está insultando a la inteligencia y, además, nunca será feliz y, lo que es peor, no dejará a los demás tampoco que disfruten. Porque esa es una de las características que Carmona hace valer para ser Patrimonio Mundial: Los restos del calcolítico, del mundo tartésico, turdetano, romano… conviven con los restos de este milenio que ha generado su propia cultura; y en esa cultura, producto de los programas basura, de los profesores ya quemados, de los padres dimitidos y de la perezosa administración, están los protagonistas de la molestia; o sea, que están ahí.
Universidad, dice el diccionario, entre otras acepciones, “conjunto de las cosas creadas, mundo”… Universidad para ser universales, plurales, tolerantes, renacentistas, polifacéticos, conversadores y también críticos, cómo no. Universidad, para impartir cursos, clases, seminarios, congresos, para dar facultades, entendimiento, para dar vida, y también para dar respuestas. Universidad en Carmona para que nuestra Ciudad sea ese territorio donde civilizaciones y conocimientos se dan cita. Universidad para hacer valer la cultura como motor de desarrollo económico, y no sólo los ladrillos o el hormigón.
Por ello, como Ciudad universal y universitaria, vayamos preparando nuestra retina para comprender otras mil expresiones más del vivir y de la existencia de tanta gente que vendrán a sentarse en nuestra Plaza de Abastos o en la Alameda Alfonso XIII, que pasearán por los aledaños del Parador o del parque del Almendral, que se alojarán en casas alquiladas quizás de Villarrosa, San Francisco o alguna Urbanización; amigos en la nueva andadura de Carmona, ciudad tranquila, segura, pero viva; ciudad dinámica que procurará abrir más comedores y hostales, que dará más servicios y también que albergará más sabiduría y más fuerza para proyectarse ante el mundo… Y no en el Apocalipsis de la literatura barata del hampa inventado, sino en esa realidad donde todos cabemos, y cabemos nosotros porque somos los primeros; aunque, a veces, ni nos soportemos a nosotros mismos, inmersos en la ansiedad de una vida competitiva y llena de falsos titulares, aburridos de tanto cuento y de tantos vividores del cuento, marcados por el laberinto de nuestro propio egoísmo.
Freud
FreudEn estos días se conmemora el ciento cincuenta aniversario del nacimiento de Sigmund Freud ( Freiberg, 6 de mayo de 1856 - Londres, 23 de septiembre de 1939). Un médico que revolucionó los métodos y criterios para abordar el conocimiento de la mente y del comportamiento humano. Gracias a sus trabajos, algo con apariencia tan irreal, el llamado inconsciente, tomó cuerpo y consistencia conformando un auténtico mundo en el que están sumergidos recuerdos que pasaron al olvido, traumas vividos que deseamos sepultar o experiencias latentes que ni siquiera sabemos de su existencia aún siendo propias. Y algo tan etéreo como los sueños se convirtieron en realidades que nos hablan a nosotros mismos, en un lenguaje desconocido donde las palabras son imágenes plagadas de símbolos y de sugerentes mensajes. Ese universo interior es fuente de sufrimiento, de adversos efectos sobre los estados del ánimo y de trastornos de la personalidad; pero también contiene una infinita reserva de felicidad y puede ser fuente superadora de enfermedades que perturban nuestra psicología.
Y en ese cosmos, inmerso en el caos propio de la vida, se van ubicando, sedimentando como si de un lago se tratase, las distintas dimensiones de uno mismo. De una parte, el llamado “ello” donde quedan reflejadas las emociones y las apetencias más primarias como el comer, procrear, sobrevivir y defenderse; reflejos y deseos que a veces ni siquiera controlamos. De otra, el llamado “superyo”, la máscara social que las conveniencias, los formalismos y el propio poder van configurando en nuestro comportamiento. Y en medio el “ego”, el “yo” que intenta un equilibrio permanente del desajuste provocado por los otros dos, eso sí, procurando contentar a ambos.
Sólo se trataba, en definitiva, con un psicoanálisis o terapia adecuada, de conseguir la liberación de esas fuerzas reprimidas llevándolas a los ojos de lo más consciente, simplemente dejando hablar a la persona, a su libre albedrío, recostado cómodamente en un diván. Y en ese flujo de transferencias del sufriente, con un arte lleno de matices, ser capaz de encontrar la asociación libre de ideas y las interpretaciones de los sueños y de los deseos para así provocar la catarsis curativa.
Se nos antoja, entonces, la persona como una Ciudad recostada en su historia, desde el rellano del paseo hasta la almohada de su promontorio más elevado donde reposa su cabeza. Y una milenaria sucesión de vidas yacen olvidadas en su inconsciente, reprimidas porque fueron experiencias de infortunio y de tragedias. Que no miro a la Vega, niña, porque las espaldas encorvadas de la siega me duelen, y por ello todas las casas miraron hacia otra parte. Que no te metas en problemas mi niña que me lastiman los castigos y prefiero el resignado silencio, y por ello el aire denso de la apatía dominaba la atmósfera. Mi ello come y descansa en el establo de mis miserias; mi super yo atiende las campanas y los edictos y mi yo sobrevive a duras penas... Y Sigmund sólo dice, hable usted, señora, señora Carmo, hable y diga todo lo que le venga a la mente, y cuénteme sus sueños...
No le es tan difícil contar sus últimos sueños. Todos llevaban escritos la palabra libertad, envuelta en miles de sensaciones diferentes pero con un sentido común, es un derecho, es una necesidad; para cantar, para bailar, para amar, para pensar, para decir, para ir y para venir... sola o acompañada. Tampoco le resultó comprometido decir cómo fue matando a cada uno de sus padres, pues los hijos de cada uno de ellos fueron sus asesinos; así, las hijas se liberaron del patriarca, los creyentes de los curas, los votantes de sus poderes, los compañeros de sus alcaldes, y los canis de los maestros. Desde su mundo interior, lleno de margas azules, fueron saliendo al exterior, resquebrajando las piedras del alcor, tantas dolencias, tantas angustias... Pero, viendo su propia realidad, ella se desperezó suavemente, con tanta suavidad que no afectaron esos movimientos a la solidez de las culturas que habían tomado vida en su propio cuerpo. Y no es que por ello viera resueltos sus problemas, no, pero lo cierto y verdad es que sí encontró un sentido a esos sueños a los que nadie prestaba atención hasta entonces. Ya no había neurosis, eran otras cosas las que había, pero ya no eran neurosis. Freud le dijo tras la última sesión: siempre que pueda, haga el amor.
Carpinteros de Ikea
Carpinteros de IKEAEstos días pasados descubrimos que los Reyes Magos no eran los padres sino los niños, y sus cartas a los reyes eran la prueba más palpable. Son fechas de regalos, ocio y copitas de confraternización. Nos sentimos entonces más consumidores que personas y así podemos ver en su esplendor cómo el sistema juega con los sentimientos y las relaciones para seguir sacando provecho a expensas de la felicidad virtual y efímera que nos ofrece. Y es curioso que el mayor mérito que el poder tiene es conseguir que los subyugados sean encima felices con su situación; hablamos del poder económico. Veamos algunos ejemplos y tendencias.
Están de moda los grandes almacenes por la oferta tan amplia que contienen, sus precios tan competitivos y el espacio de encuentro que suponen. Diríamos sin temor que hoy esos centros de ocio son lugares similares a los antiguos paseos de hace varias décadas, allí todos nos vemos sin conocernos. Una muestra muy de moda la tenemos en IKEA, un complejo de gran depósito de muebles y complementos donde se dan cita miles de personas buscando mesas, camas, lámparas o edredones. A unos precios asequibles se pueden encontrar estanterías, sillas o alfombras. ¿Cuál es el secreto de su éxito? ¿El diseño, la fórmula de exposición y venta, la diversidad de productos, el encaje en espacios reducidos, la imaginación, los colores, la facturación...? Puede que todas estas cosas sean la causa de su triunfo comercial, pero, quizás, modestamente lo digo, haya algo más. Ese algo más es el añadido posterior que cada usuario o comprador suma al coste inicial, el de su propio trabajo.
Cuando alguien ha elegido el mueble que mejor le parecía a ojos vista en la exposición, ha de ir a una inmensa nave donde están amontonados o apilados en gigantescas estanterías todos los artículos. Sabiendo el pasillo y la sección de lo que busca, él mismo ha de encargarse del transporte en un carrito hasta la caja para pagar religiosamente el producto adquirido. Sólo en este tramo de tiempo han desaparecido casi todos los empleados que debieran informar, aconsejar a los clientes o llevarles los productos a la caja. Pero esto ya es lo de menos, pues así se funciona en todas las medianas y grandes superficies que conocemos. El secreto está en que, llegados a casa, tras el penoso transporte y traslado personal de los muebles, viene un nuevo proceso de desmontar lo que viene embalado, para montar, como si de un verídico bricolaje se tratase, pieza con pieza, atornillar, ajustar y colocar todos los fragmentos en el lugar pensado. El gran secreto es que IKEA ha conseguido convertir en instaladores carpinteros a todos sus clientes, los cuales, no sabemos por qué, no suman en el coste final las horas de su trabajo en estas tareas ajenas a la profesión de cada cual. Es el mismo secreto que poseen los bancos, pues han conseguido que todos los ahorradores sean sus clientes, a los cuales les cobran, en cómputos globales, por cogerles su dinero, te cojo tu dinero y encima me pagas, vaya inteligencia.
Pero esto mismo que vemos en la gran industria y en el gran comercio está ocurriendo en tantos otros ámbitos del consumo. Piensen en los bares y terrazas donde el llamado autoservicio viene imponiéndose, ya sólo falta que, expuestos los menajes de cocina, cada cual se haga su propio menú. O en las gasolineras, donde hacemos el capullo con la manguera apuntando al agujero del depósito... He ahí un tema cotidiano de gran envergadura: nos van convirtiendo en camareros, carpinteros instaladores, empleados... sin que nos demos cuenta que lo hacemos gratis y encima nos cobran. Me he preguntado muchas veces por qué las asociaciones de consumidores este tema no lo han abordado seriamente y no he encontrado respuesta. O sí, hasta aquí nos han llevado.
El "cano-botellódromo"
Juan Sebastián ElCano
Doña Cuaresma, disfrazada (2003)
Sirva este preámbulo para enfocar El Observatorio en estos días hermosos del Carnaval de Carmona y constatar las múltiples e ingeniosas contradicciones que nuestra Ciudad es capaz de mostrar en sus propias fiestas. Es de común acervo que la batalla entre Don Carnal y Doña Cuaresma es la base mórbida que explica la debilidad humana en sus dos dimensiones más explícitas: las miserias de la carne y el calvario de las culpas. Hablamos así de una liberación en unos días que sitúan sus fronteras respectivas en el tiempo, pero que operan sobre el mismo colectivo humano: los ciudadanos. La liberación en los días de Don Carnal nos permite aligerar las reservas de carne y vino de la despensa para el posterior ayuno, nos invita al cante y a la critica, al exceso y al baile, al desahogo y a la máscara; así quemamos los residuos mentales y físicos que las diferentes represiones han generado en nuestro ser… La liberación en los días de la Cuaresma, por el contrario, es el ejercicio de la meditación y de la abstinencia, del encuentro con la soledad y con nuestra propia conciencia, es el pulso contra las cifras del colesterol y la recapitulación ante nuestras desavenencias interiores… El resultado final de los dos procesos debe ser un equilibrio que nos sitúe en plena forma para afrontar… para afrontar la fiesta siguiente que es la Feria.
Pues bien, en esta batalla entre Doña Cuaresma y Don Carnal, ganadora siempre ella, parece que los papeles repartidos en la sociedad han de quedar diferenciados de manera clara para evitar la confusión. Y así, no es de extrañar las numerosas críticas que los abanderados de la Semana Santa realizan hacia las fiestas del Carnaval, agravios en subvenciones recibidas, o la contestación que desde el ángulo de las carnestolendas se hace a los llamados capillitas que con vara en mano lucen sus trajes azul marino. Sin embargo, Carmona, Ciudad integradora de civilizaciones y culturas, tenía que enseñar lo jamás visto ni soñado: la síntesis de ambas esferas de esta guerra de gestos. A más Carnaval, menos Semana Santa; Cádiz. A más Semana Santa, menos Carnaval; Sevilla… Carmona, miren y comprueben, un abrazo furtivo pero real entre Don Carnal y Doña Cuaresma, un encuentro fugaz de amor, aunque sea alrededor de unos montaditos y unas cervezas… Carmona, Carnaval y Semana Santa.
Miembros de la Antigua Real e Ilustre Hermandad de las Benditas Animas y Cofradía de Nazarenos de Nuestro Padre Jesús de la Humildad y Paciencia y María Santísima de los Dolores, han estado sirviendo todo el avituallamiento dentro del Teatro Cerezo durante el Concurso del Carnaval. Voluntarios de la Real e Ilustre Hermandad de Nuestro Padre Jesús de la Coronación de Espinas María Santísima de la Esperanza y San Juan Evangelista, ha situado algunos de sus cofrades en la carpa del paseo del estatuto para atender a las comparsas y chirigotas en sus menesteres del tapeo y de las copitas propias de estos días. Hermanos y amigos de la Ilustre Hermandad de Nuestro Padre Jesús en la Columna y María Santísima de la Paciencia tuvieron la encomienda de la Sardinada que abría paso a las fiestas del Carnaval… Todos en interés mutuo y buena cooperación, oyendo el clamor de la final cuando los Siesos premiaban como el mayor de Carmona al cura de Santa María y un antiguo y brillante pregonero de la Semana Santa barría los pasillos de butacas del Teatro Cerezo. Todos mostrando esa posibilidad real de paz que la tolerancia es capaz de ofrecer, incluso en plenas batallas, y que en estos días de amenazas bélicas puede ser ejemplo para el pensamiento pacifista y para la cooperación cultural entre los pueblos.
Porque, sinceramente, ¿no creen ustedes que esta batalla entre Don Carnal y Doña Cuaresma nunca terminó con vencedores ni vencidos? Pues, si no, ¿por qué hemos de repetirla cada año? ¿No es más bien que nosotros mismos hemos de confrontar nuestras propias debilidades para ejercitarnos y aprender a luchar y a superar cada día de nuestra vida?. Ahora comienzo a comprender por qué Martín Recio ha sido capaz de fichar para su posible candidatura al pregonero del Carnaval, Antonio Serrano, y también cuenta con el apoyo y la amistad del pregonero de la Semana Santa, Antonio Montero. Una vela a dios y otra al diablo. Si no se presenta ahora, ¿cuándo va a estar en mejores condiciones?
España, cataluña, Andalucía
Las elecciones catalanas y sus resultados posteriores han puesto sobre la mesa nuevamente el debate sobre el desarrollo del Estado de las autonomías de la Constitución de 1978 . Una visión ésta muy descentralizada que ha cubierto una etapa de 25 años de nuestra historia democrática más reciente. Una propuesta que fue intento de síntesis para superar los conflictos históricos, a veces saldados de forma autoritaria y violenta, entre quienes pensaban en la España centralista, única, homogénea, y los que la concebían como federal con nacionalidades históricas y derechos de soberanía territorial.
Pues bien, este Estado de las Autonomías ha dado de sí, afortunadamente de forma muy eficaz y próspera, casi todo lo que tenía que dar. Porque, no nos engañemos, estamos en una nueva fase en la historia de nuestro país en lo referente a ese modelo de Estado que configura las relaciones entre los pueblos de España. España, definida ya por los Reyes Católicos como una “nación de naciones”, no es lo que era, porque la historia no se para por mucho que algunos lo deseen. Por mucho que algunos de nuestros más señalados dirigentes del Estado agiten la palabra España, con intenciones claras de rentabilizarla partidistamente, hoy, por ejemplo, nuestra política de defensa, o sea, nuestro ejército, está, en gran medida, a las órdenes de la OTAN –y últimamente diríamos que casi a las órdenes de Estados Unidos-. Los campos de Andalucía producen en función de directivas que no se han tomado en España, las OCM del aceite o del algodón lo demuestran palpablemente. Los tipos de interés, las tasas de inflación, el gasto social, las tendencias en el sector público de la economía, y tantas otras cuestiones relevantes que nos afectan en el vivir cotidiano, son cuestiones que no decide por sí sólo el Gobierno de España, por muy de España que sea.
Un proceso en el que han intervenido dos factores al mismo tiempo: la internacionalización de la economía, eso que llamamos la globalización, con organismos poderosos como la Organización Mundial del Comercio o el Fondo Monetario Internacional marcando reglas y pautas para todos los países. Y la construcción europea, con la próxima propuesta de una constitución a la medida de esos centros de poder. Ambos van determinando progresivamente una “disolución” de los perfiles del llamado “Estado Nación”. Por el contrario, emergen las identidades territoriales, las regiones y las nacionalidades. Con todo el efecto negativo y excluyente que puedan tener, sus ciudadanos se aferran a esa realidad cercana, cultural y endógena, para hacer frente a los fuertes vientos de esa globalización que amenaza sus costumbres, sus riquezas y sus territorios.
Ahora, Cataluña. Y sin terrorismo. Con una propuesta de modificación de su Estatuto para ir más allá en su proceso de soberanía territorial. Reclamando quedarse con más dinero aportando menos del que ahora aporta al resto del país, sin pensar en las plusvalías acumuladas gracias al trabajo de personas de otras regiones, como Andalucía, y en situación de privilegio permanente en materia de infraestructuras, equipamientos sanitarios y educativos, desarrollo económico, empleo… Con su esfuerzo, claro está, pero también con el de los demás. ¿Y Andalucía?, ¿seguirá absorta pensando en las subvenciones europeas? ¿volverá al lamento y al agravio comparativo, olvidando su conquista del 28 de febrero? ¿seguirá conforme con el papel asignado, desmantelada industrialmente, paralizada agrícolamente, con los barcos amarrados y su minería olvidada? ¿continuará resignada con sus tasas de paro, de fracaso escolar, de listas de espera, de insuficiencia investigadora…? Andalucía, los andaluces, tendremos que decir algo, digo yo.
La seguridad de los ciudadanos
La seguridad de los ciudadanos |
Los Estatutos
El lobo estepario
Unos fragmentos de la novela de Hermann Hesse:
“...Érase una vez un individuo, de nombre Harry, llamado el lobo estepario. Andaba en dos pies, llevaba vestidos y era un hombre, pero en el fondo era, en verdad, un lobo estepario. Había aprendido mucho de lo que las personas con buen entendimiento pueden aprender, y era un hombre bastante inteligente. Pero lo que no había aprendido era una cosa: a estar satisfecho de sí mismo y de su vida. Esto no pudo conseguirlo... El lobo estepario tenía, por consiguiente, dos naturalezas, una humana y otra lobuna; ése era su sino.... Algunos le querían como hombre distinguido, inteligente y original y se quedaban aterrados y defraudados cuando de pronto descubrían en él al lobo. Y esto era irremediable, pues Harry quería, como todo individuo, ser amado en su totalidad y no podía, por lo mismo, principalmente ante aquellos cuyo afecto le importaba mucho, esconder al lobo y repudiarlo. Pero también había otros que precisamente amaban en él al lobo, precisamente a lo espontáneo, salvaje, indómito y peligroso, y a éstos, a su vez, les producía luego extraordinaria decepción y pena que de pronto el fiero y perverso lobo fuera además un hombre, tuviera dentro de sí afanes de bondad y de dulzura y quisiera además escuchar a Mozart, leer versos y tener ideales de humanidad. ....Vetas grises adquiere mi rabo peludo; voy perdiendo la vista, me atacan las fiebres; hace tiempo que ya estoy sin hogar y viudo y que troto y que sueño con corzas y liebres... -Tú llevabas dentro de ti una imagen de la vida, estabas dispuesto a hechos, a sufrimientos y sacrificios, y entonces fuiste notando poco a poco que el mundo no exigía de ti hechos ningunos, ni sacrificios, ni nada de eso, que la vida no es una epopeya con figuras de héroes y cosas por el estilo, sino una buena habitación burguesa, en donde uno está perfectamente satisfecho con la comida y la bebida, con el café y la calceta, con el juego de tarot y la música de la radio. Y el que ama y lleva dentro de si lo otro, lo heroico y bello, la veneración de los grandes poetas o la veneración de los santos, ése es un necio y un quijote....”
Repasando estos fragmentos, a luz de todas las cosas que estos días acontecen en el mundo, (podríamos decir en el mundo interior de cada uno o en el mundo en el que vivimos todos, o también podríamos decir en el mundo en el que vivimos nosotros)... quedan en nuestra mente esas grandes contradicciones que hoy atraviesan la humanidad. Somos, efectivamente, un lobo estepario, solos en la inmensidad de una estepa llena de heladas, luchando cada día contra nosotros mismos... ¿No han sentido una cierta perplejidad y sensación de injusticia ante el poderoso vencedor, cuando ha juzgado y condenado a la horca al dictador Sadam?... ¿No han percibido que mientras media humanidad, mejor dicho, un ochenta por ciento de la humanidad, aúlla y protesta en el borde de un promontorio llamado derechos humanos, el otro veinte por ciento lo disfruta a su salud?... ¿Quién es el lobo realmente?
Pero no se trata de hablar de la humanidad en abstracto, como si esa inconmensurable cantidad de gente, precisamente por tal magnitud, nos resultara tan inabarcable como distante. Hablemos de lo más próximo... del prójimo... hablemos de los grandes beneficios de unos pocos a costa de la precariedad y de la inseguridad de la mayoría... hablemos de la enfermedad, del analfabetismo, del paro de esa gran mayoría, tan cercana que a veces llega en cayucos y nos asusta, y los consideramos como el problema número uno... ¡¡¡nuestro!!!, (cuando el problema quien lo tiene realmente son ellos, y por eso vienen....) Hablemos de esa intolerancia que anidamos y proyectamos y de ese conformismo que se hace cómplice pasivo de tantas injusticias.... Y, sobre todo, analicemos si realmente somos capaces de comprendernos en nuestra respectiva totalidad... para así asumir que realmente cada cual lleva dentro una humanidad personal diversa, a veces confrontada, en la que conviven los aspectos de mayor grandeza con los más miserables... y, en ocasiones, el lobo escondido no es precisamente la peor faceta... Decía el lobo estepario: “... Es algo hermoso esto de la autosatisfacción, la falta de preocupaciones, estos días llevaderos, a ras de tierra, en los que no se atreven a gritar ni el dolor ni el placer, donde todo no hace sino susurrar y andar de puntillas. Ahora bien, conmigo se da el caso, por desgracia, de que yo no soporto con facilidad precisamente esta semisatisfacción, que al poco tiempo me resulta intolerablemente odiosa y repugnante...”
La viga en el ojo
La viga en el ojo
Hace unos días salió publicado el gigantesco escándalo del caso de las vigas abandonadas de la Iglesia de Santa Ana. El grupo socialista, a través de su portavoz municipal, difundió una nota de la que se hizo eco el Correo de Andalucía, acusando a Izquierda Unida y al alcalde de irresponsabilidad en el cuidado y conservación del patrimonio histórico de nuestra Ciudad, cuestión ésta de enorme gravedad cuando al mismo tiempo se está reclamando nuestra inclusión en el listado de ciudades que la UNESCO considera deben ser declaradas Patrimonio de la Humanidad.
Desde aquí debemos reconocer el mérito de dicho portavoz al señalar con su dedo acusador a su propio partido.
No en vano resulta insólito el gesto del munícipe socialista, pues demasiado acostumbrados estamos a ver cómo se le echa la culpa a otro de los problemas que padecemos, evadiendo nuestras propias responsabilidades; o, también, cómo nos fijamos en la mota del ojo del prójimo, sin darnos cuenta de la viga que llevamos en el nuestro, como decía San Mateo (7, 6): “¡Hipócrita! saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces verás bien para sacar la paja del ojo de tu hermano.”
Porque todo el mundo sabe que el deteriorado artesonado mudéjar de la Iglesia de Santa Ana hubo de ser desmontado en 1987 como consecuencia de los desprendimientos de las cubiertas. Aquella obra, dirigida por el arquitecto técnico D. José María Cabeza, concluyó depositando dentro de la misma Iglesia el conjunto del destruido artesonado, descartándose incluso el uso del mismo como ornato superpuesto a las vigas metálicas recién colocadas. Desde 1987 hasta 1995, fecha del cambio político en el ayuntamiento, tuvo el PSOE ocho años para reutilizar, recuperar, rehabilitar, restaurar, recomponer o restituir dicho artesonado y no lo hizo. Sin embargo, casi veinte años después vuelve a salir a la palestra este tema en clave de denuncia contra el actual gobierno municipal. Y ya verán ustedes cómo hasta la delegación de cultura de la Junta de Andalucía (la misma que ve impertérrita las intervenciones urbanísticas en el aljarafe o en determinadas plazas de Sevilla), abrirá una sonada investigación al respecto con la finalidad de esclarecer las responsabilidades de este atentado contra el patrimonio de Carmona, lo que provocará, entre noticias, comentarios, supuestos y conjeturas, en titulares de prensa y otros medios, un poquito de mayor desgaste para el alcalde y su gobierno. Ya que, sin estar convocadas aún las elecciones próximas, parece que se ha abierto la veda de la campaña electoral, todo vale con tal de erosionar al adversario.
No cabe mayor desvergüenza que la utilización interesada de los hechos y su tergiversación para con ello dañar al otro. Es lo que diariamente vemos en las esferas del poder, utilizándose miserablemente estas malas artes por parte de aquellos que fraguan entre sus intenciones alcanzar el poder al precio de lo que sea, saltándose la ética sin miramiento alguno.
Sin embargo, sería interesante saber, por ejemplo, abierta esa investigación sobre “las vigas perdidas de Santa Ana”, si la delegación de cultura de la Junta de Andalucía, preguntará al respecto a los munícipes y alcaldes que desde 1987 a 1995 fueron responsables de la gestión del patrimonio de Carmona. O si la propia Hermandad, que fue quien solicitó a la concejalía correspondiente que se retiraran los despojos acumulados en el interior de la Iglesia, podrá decir lo mismo a la Junta que al concejal acerca del estado de las maderas en el tiempo en que fueron sacadas de su interior.
De todo esto cabe preguntarse si a estas alturas es admisible que el PSOE pretenda dar lecciones de conservación del Patrimonio en Carmona y a Carmona. Un columnista de la Prensa diaria, criticando la política del PSOE en el Ayuntamiento de Sevilla y la desidia de la delegación de Cultura en intervenir al respecto, viene a decir: “... su falsa política "de progreso" que ha destrozado las plazas de San Lorenzo y del Pan, está destrozando la Encarnación, tala los árboles de la Avenida y la Plaza Nueva, agrede el jardincillo de la Plaza de Cuba, destruye restos arqueológicos o amenaza con mares de granito la Avenida, la Alfalfa, el Salvador y la Pescadería...”.
¿Podrían entonces dejarnos tranquilos? ¿Podrían quitarse sus propias vigas?
La especulación
Un reciente estudio, elaborado por iniciativa de la Asociación de Empresarios del Aljarafe y otras entidades de dicha comarca, viene a concluir que el modelo de crecimiento experimentado en esa zona se ha convertido en insostenible. Las infraestructuras están al borde del colapso y la saturación urbanística existente impide un desarrollo equilibrado del territorio. Más de cincuenta mil vehículos pasan diariamente desde el Aljarafe a la capital y las vías de comunicación pueden absorber poco más de treinta mil. Los municipios han perdido su identidad como pueblos y la construcción masiva de adosados, junto al uso individual del coche, establece un modo de vivir individualizado, sin cohesión social. Las relaciones sociales y económicas están mirando casi exclusivamente al centro de la gran urbe, olvidando así el propio desarrollo de esta comarca y sus municipios. Más del setenta y cinco por ciento de las personas que han de trabajar, en la primera corona del área metropolitana, tienen que hacerlo fuera de su pueblo.
Esta situación, que duda cabe, coloca a Carmona y a su término municipal en el centro de las miradas de muchos constructores, inmobiliarias, especuladores e incluso de miles de ciudadanos que, agotado y masificado el Aljarafe, buscan un lugar próximo a Sevilla capital que ofrezca una calidad de vida que en otros espacios ya no se encuentra. Se revaloriza así la posición estratégica del municipio de Carmona y las tentaciones económicas y las presiones urbanísticas seguramente están a la orden del día. Se trataría de un proyecto a modo de “Aljarafe 2” que podría albergar entre cinco y diez mil viviendas, con fuerte equipamiento de carácter privado, tipo campos de golf, con viviendas de mayor lujo que los simples adosados y que concentraría a las personas de mayor nivel económico que desean sencillamente vivir a cinco minutos de Sevilla, en término de Carmona, en espacios que actualmente están calificados como rústicos. Las plusvalías generadas supondrían para el Ayuntamiento de Carmona varias decenas de miles de millones de pesetas y, con esto, las posibilidades de inversión en el casco urbano y de solucionar problemas de infraestructuras y equipamientos, de dotarnos de todo tipo de iniciativas sociales y culturales bien financiadas, serían una realidad.
El gobierno municipal ha optado, sin embargo, por un modelo de desarrollo en el que quedan descartadas estas tendencias, en aras a mantener la identidad histórica y patrimonial de Carmona, que con una operación urbanística de ese calibre quedaría diluida y fatalmente dañada con la aparición de otro núcleo urbano, a veinte kilómetros, con más de quince mil habitantes que finalmente acabaría siendo el dominante desde el punto de vista social y político por el alto nivel adquisitivo y la concepción metropolitana de sus residentes.
Mantener esta política es esencial para Carmona y al parecer los carmonenses en su mayoría lo tienen claro. Pero mantener un modelo de ciudad histórica y sostenible tiene un coste económico que los propios carmonenses han de estar dispuestos a afrontar.
Enemigos y adversarios
Enemigos y adversarios
En el lenguaje político, a veces, se confunden los términos porque el significado de las palabras se contradice con los hechos que representan. La palabra enemigo tiene una resonancia de confrontación casi bélica; en cambio, la palabra adversario resulta más propia de una pugna deportiva. En realidad pueden contener la misma idea: hablamos de los contrarios; la diferencia está en el escenario en que desenvuelven sus diferencias: puede ser un campo de batalla o un campo de fútbol. Entonces, la lógica política nos lleva, para ser objetivos en el análisis, a estudiar antes los espacios que las controversias.
No es lo mismo el territorio de un municipio que el territorio nacional, está claro. Los enemigos en un lugar pueden incluso ser aliados en el otro. Pero, en líneas generales, suele decirse –con cierta hipocresía- que en política no hay enemigos sino adversarios, y la clave está en clarificar cuál es el adversario principal y cuál el secundario, para que las estrategias no conduzcan a unas metas contradictorias. Por ejemplo, en Carmona, ¿cuál es el adversario principal de IU? ¿es el PSOE o el PP?. Si el PP pactó con IU y facilitó su acceso al gobierno municipal, no sería muy lógico catalogarlo como principal contrario; aunque en el plano general sus ideas y programas son totalmente antagónicos. En resumen, el adversario principal de IU, en unas elecciones generales, es el PP; en Andalucía, es el PSOE –el PP no tiene posibilidades- y en Carmona, actualmente, son los dos. Para el PSOE, su adversario principal en Andalucía y en España es el PP; en Carmona es IU. Para el PP, su contrincante prioritario es el PSOE en los tres ámbitos, aunque el PP de Carmona no parece darse cuenta en estos últimos meses.
Pues con toda esta disyuntiva de enemigos y adversarios electorales y políticos, en el escenario de Carmona, resulta que el principal enemigo del gobierno municipal no es el PSOE ni el PP. Es un grupo que no se ha presentado a las elecciones ni tiene representación política, una parte de un colectivo que entre sus fines no está precisamente hacer política y últimamente la practica con los peores métodos. Nos referimos, ya lo habrán advertido, a una parte de unos sindicatos que representan a una parte de los funcionarios del ayuntamiento. Una parte que representa a un grupo de funcionarios cuya primera obligación es velar y hacer valer la autoridad democrática, establecer una protección real a los gobernantes y especialmente al alcalde, hacer cumplir las ordenanzas municipales y resoluciones de la alcaldía. Un grupo que en su tiempo libre, sin embargo, hace ostentación pública de ser los que más insultan al alcalde y al gobierno municipal, quienes más intentos de vejaciones, coacciones e intimidaciones realizan a los concejales que gobiernan ahora. También a los de antes, del PSOE, se lo hacían; no olvidemos al alcalde J. A. García Naviero soportando estoicamente, meses antes de dimitir, el vergonzoso y nauseabundo espectáculo de aquellos que le impidieron entrar en el ayuntamiento. Y también a los del PP, en Punta Umbría y en Palos de la Frontera. Son, en realidad, actos no contra el alcalde de cada lugar o época; son actos contra la autoridad democrática, consentidos por las propia democracia porque esta tiene la grandeza de tener demócratas que lo admiten y leyes que amparan incluso a quienes no creen en ella.
Es, en realidad, un pulso de un grupo de energúmenos contra toda una Ciudad, a la que no tienen inconveniente en dejar sin la prestación de sus servicios, mediante el uso de bajas masivas y desidia sin control –llámese absentismo-. Por eso, el alcalde no debe ceder al chantaje de los panfletos insultantes ni a las pretensiones abusivas, llamadas reivindicaciones, de quienes antes han de ganarse la confianza de los ciudadanos que la tiene por cierto bastante perdida. Ni el alcalde ni ninguno de sus concejales, que aquí el escenario no es un territorio ni un campo deportivo, el escenario es la dignidad y el respeto hacia quienes el pueblo eligió democráticamente.











